Cuando constituimos AthenaLab, nos enfrentamos a la necesidad de contar con una medición independiente que nos permitiera conocer la situación geopolítica de Chile en un momento muy interesante y complejo. Resultaba evidente que el país se encuentra con un protagonismo inusual gracias a distintas instancias como APEC, COP25, TPP+11, Prosur y la Alianza del Pacífico. Y a la vez, en el escenario internacional hay desafíos al orden mundial basado en reglas y se libra una guerra comercial entre potencias.

Para saber dónde estamos parados y pensando en que debemos contar con una política exterior que sea proactiva a la hora de velar por nuestros intereses nacionales, encargamos a la prestigiosa Henry Jackson Society de Londres elaborar dos auditorías geopolíticas, que comparan a Chile con la región sudamericana y del Asia-Pacífico.

Los estudios, disponibles en español e inglés, fueron lanzados en un evento el jueves 22 de agosto, que contó con la presencia del canciller Teodoro Ribera, el ministro de Defensa, Alberto Espina, el jefe del Ejército, general Ricardo Martínez, y el embajador de Australia, Robert Fergusson, entre otras personalidades. Ahí el presidente de AthenaLab, Nicolás Ibañez, el vicepresidente Richard Kouypumdjian, el director Carlos Russi y el director ejecutivo Juan Pablo Toro hicieron entrega de los estudios al canciller Ribera, a la espera que sirva para la política exterior. James Rogers, investigador de la Henry Jackson Society, también expuso los hallazgos de las auditorías.

Según nuestra interpretación, se hace evidente que Chile tiene como destino ser un puente entre el Asia-Pacífico y Sudamérica, ya que cuenta con condiciones de estabilidad política, económica y de seguridad que le dan un estatus específico, que le permite ‘golpear sobre su peso’, como dicen los boxeadores o ser un actor aún más relevante.

A la luz de lo anterior, en primer lugar, parece más que razonable diseñar medidas para convertir a Chile en un hub financiero, logístico y de comunicaciones, donde Singapur se presenta como un modelo interesante de conectividad global.

Segundo, respecto al Asia-Pacífico es evidente que tenemos que estrechar nuestras relaciones con Australia y Nueva Zelanda, vecinos democráticos y economías abiertas a las cuales deberíamos parecernos cada vez más si seguimos perfeccionando nuestro desempeño.

Y tercero, quizás la conclusión más incómoda para algunos, es que Chile se ha ido desacoplando de Sudamérica, no solo en términos comerciales, sino también de procesos políticos donde la tendencia regional es a perder gobernabilidad. Aunque no es nueva la tesis del ‘excepcionalismo chileno’, que deriva de su temprana consolidación institucional, esa condición de ‘singularidad’ en Sudamérica más bien ha tendido a reforzarse que debilitarse en los últimos años y esto plantea que la identidad de Chile tenga que redefinirse más hacia una nación del Pacífico (lo que no es excluyente).

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