El Mercurio de Valparaíso, sábado 16 de noviembre 2019

Con indignación hemos visto como una turba destruyó la estatua de Arturo Prat en Temuco. Destruyeron un símbolo que representa al principal héroe nacional de todos los chilenos, sin distinción. Un símbolo de unidad nacional, de cariño por la Patria, de valores nobles.

En Temuco, sólo y armado con su invicta espada, Prat tuvo que enfrentar a un grupo de cobardes que ocultan su rostro. Lo derribaron de su pedestal, lo arrastraron por las calles y lo quemaron. Capaz que hayan pensado que con ese acto lo podían borrar de la memoria y de las conciencias. ¡Cómo se equivocan!

En Temuco lo han vuelto a la vida. Lo han hecho saltar nuevamente al abordaje. Los que derribaron su estatua no saben con quién se metieron. En Temuco, Prat se vuelve a inmolar por la unión de todo un pueblo sin distinción. Su sacrificio no puede ser en vano. Él nos recuerda que la Patria nos fue legada por nuestros padres y abuelos. Que no tenemos derecho a echar por la borda el trabajo, el sacrificio e incluso la vida de tantos que han forjado nuestro Chile.

Prat, arrastrado y vejado por las calles de Temuco, vuelve a brillar con luz de esperanza señalando a las generaciones de hoy que todos los que nos precedieron están velando por la patria.

Con su sacrificio en Iquique, Arturo Prat hizo brillar con gloria radiante nuestra bandera y nos dio a todos los chilenos un ejemplo de vida digna, recta, valiente y buena. Los cobardes encapuchados que ultrajaron su estatua mancharon de deshonra, odio, maldad, violencia, delincuencia y bajeza su causa y la bandera que los representa.

Matías Purcell

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