Resumen ejecutivo

La preocupación por los efectos actuales y potenciales del cambio climático parece haberse instalado en el país de forma definitiva. A los llamados de atención de las máximas autoridades, activistas y de una ciudadanía movilizada, se suman estudios internacionales que identifican a Chile como una de las naciones más expuestas a este fenómeno. Pero también la megasequía que golpea a la zona central, los incendios forestales masivos de los últimos veranos, las lluvias esporádicas en zonas nortinas tras décadas de ausencia y los constantes deshielos en la Antártica han servido para aportar una sensación de estar presenciando situaciones inusuales, aunque aún no se haya probado su relación causal y directa con el cambio climático. De seguro se están adelantando estudios en la materia.

También es relevante destacar que Chile albergará entre el 2 y 13 de diciembre la XXV Conferencia sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, más conocida como la COP25, por lo cual será un escenario de debate mundial sobre la materia.

Es cierto que ya se ha escrito y dicho bastante sobre los impactos que tiene el cambio climático en distintas actividades de la vida cotidiana de las personas y en la modificación de diferentes hábitats. Sin embargo, creemos que aún no se aborda en Chile con profundidad el alcance de este fenómeno en su perspectiva de amenaza a la seguridad nacional, en cuanto a que sus efectos posibles van desde el aumento de la conflictividad entre Estados por disputas en torno a recursos hídricos cada vez más escasos, hasta la afectación directa de la integridad física de los ciudadanos y de la infraestructura crítica y no vital.

Sin duda, la última década que apresta a concluir ha sido testigo de cómo las Fuerzas Armadas se han tenido que movilizar ante emergencias cada vez que son requeridas por la autoridad y de su ágil respuesta ante situaciones que no constituyen la esencia de su misión, que es defender la soberanía y la integridad territoriales frente agresiones externas. Algo que quizás podría cambiar, si se modifica la naturaleza de las amenazas que se enfrentan.

Si el cambio climático, finalmente, evoluciona hasta convertirse en una amenaza a la seguridad nacional o es declarado oficialmente como tal —el Parlamento australiano lo hizo en 2018— , la pregunta que se abre apunta al tipo y magnitud de movilización de recursos e instrumentos que debería hacer el Estado para mitigar sus efectos o prevenirlos.

Este nuevo documento de trabajo del equipo de AthenaLab —que, aclaramos, no es un estudio científico sobre el cambio climático y que desde luego se asume como una realidad manifiesta— busca abordar este fenómeno desde el ámbito de la seguridad, y así ir identificando ciertas áreas geográficas e institucionales donde, probablemente, se van a ir abriendo nuevos desafíos que demandarán nuevas respuestas, y donde Chile debería ocupar sus activos organizacionales y su vasta experiencia en manejo de catástrofes para adoptar los cursos de acción pertinentes.

Finalmente, el valor que se asigna al objetivo a alcanzar es el factor que determina la magnitud del esfuerzo a desarrollar. Por esta razón es que estimamos necesario promover y provocar el debate sobre el cambio climático y el agua desde el punto de vista de las prioridades políticas, de la asignación de valor al interés nacional y de la fijación de objetivos claros, priorizados, específicos, y cuyo logro sea medible para articular todos los instrumentos del poder nacional del Estado necesarios para enfrentar este problema en forma interdisciplinaria, pese a que tenemos claridad de que en su esencia se trata de un problema político.


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