Singapur Ante la tensión entre las potencias, Chile debiera buscar una posición común con países del Pacífico para plantear que una región próspera y segura, sobre la base de reglas, es un buen negocio para todos.

Juan Pablo Toro V. Para “El Mercurio” 3 de junio de 2019

“Cuando los elefantes pelean, el pasto es el que sufre”. Este proverbio citado por el Primer Ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, se convirtió en una de las frases más repetidas durante la última edición del Diálogo de Shangri-La -la más importante conferencia sobre seguridad en el Asia-Pacífico que organiza el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS)-, para describir la preocupación que causa la rivalidad entre Estados Unidos y China.

Ahora que las dos mayores potencias mundiales libran una guerra comercial, tecnológica, de divisas y de palabras, la inquietud abundaba en este lugar. Ministros de Defensa, diplomáticos, expertos y periodistas que vinieron desde Francia hasta Tonga coincidieron en advertir, con más o menos énfasis, que hay un patrón ascendente de hostilidad.

Lo anterior es grave, según -todavía- enseña la historia. De no adoptarse medidas para reducir las fricciones, las partes pueden caer en “La Trampa de Tucídides”, que se da por la tensión estructural que causa una potencia nueva a la potencia establecida, lo que a la larga conduce al conflicto (Atenas versus Esparta, o Alemania versus Gran Bretaña).

Por fortuna, esto puede evitarse si se conocen las intenciones reales del rival. Y quizás eso pudo ser lo que llevó a los ministros de Defensa de ambas potencias a escoger el Diálogo de Shangri-La para transparentar posiciones, aunque no conduzca a reconciliarlas.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Patrick Shanahan, lanzó acá oficialmente la Estrategia para el Indo-Pacífico, un enfoque que, como denota su nombre, incluye a India en la ecuación para contrabalancear a China.

El documento indica que esta región poblada y próspera se enfrenta a una China cada vez más confiada y decidida que está dispuesta incluso a aceptar cierta fricción en la búsqueda de un abanico de intereses políticos, económicos y de seguridad.

Mientras continúa su ascenso económico y militar, China “busca la hegemonía regional del Indo-Pacífico en el corto plazo y finalmente la preeminencia mundial en el largo plazo”, sostiene el texto. Lo que supone desde ya un problema para Estados Unidos, que es la potencia dominante en la zona desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Ante todo, se advierte que China es un país “revisionista” que, bajo el liderazgo del Partido Comunista, socava los principios del sistema internacional basado en reglas, al tiempo que explota sus beneficios. Por ejemplo, con la “militarización” de islas en disputa en el Mar del Sur de China y las consecuentes restricciones a la libertad de navegación marítima y aérea impuestas en esas zonas.

El texto, que ya debe estarsiendo estudiado en cancillerías y ministerios de Defensa de todo el Pacífico, va bastante más allá que el discurso previo de Shanahan del sábado pasado, cuando sostuvo que “Estados Unidos y China aún pueden tener una relación constructiva”, aunque haya una dura competencia, que no es lo mismo que conflicto.

El documento fue respondido al día siguiente por el ministro de Defensa chino, general Wei Fenghe, quien vino acompañado de una gran delegación de generales y coroneles, que aprovecharon cada conferencia central o temática para ir fijando posiciones en temas como ciberseguridad o pesca ilegal.

Wei, tremendamente empoderado, habló del propósito de su país de promover “la paz y el desarrollo” de la región, y puso como ejemplo la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda. Pero a la vez trazó de forma precisa las líneas rojas a las potencias foráneas que, en su opinión, vienen desde lejos a causar problemas cuyas consecuencias sentirán quienes viven en esta parte de Asia.

En el caso de Taiwán, dijo que si alguien tiene la osadía de intentar separar políticamente la isla del continente, las fuerzas armadas chinas “no tienen más opción que pelear asumiendo todos los costos, todos los costos, por la unidad nacional”.

Y sobre el Mar del Sur de China, reivindicó el “derecho legítimo” de su país de construir bases en islas y arrecifes para “defender su territorio”. Rechazó el concepto de “militarización” y explicó que esto fue una respuesta a la presencia de potencias externas que, alegando la libertad de navegación, amenazan la seguridad de su país con buques y aviones. Aunque a la hora de las preguntas muchos representantes de países del sudeste asiático resaltaron que se trata de zonas en disputa, Wei ni siquiera pestañó.

En medio de la tensión actual por una guerra comercial, destacó la reunión que sostuvo con Shanahan acá, en la que hablaron de cooperación, coordinación y comunicación. Y al igual que hiciera su colega -quien dijo que EE.UU. no quiere un conflicto-, Wei también combinó los buenos modales con advertencias.

“Si Estados Unidos quiere conversar, mantendremos la puerta abierta. Si quiere pelear, vamos a pelear hasta el fin”, sostuvo el general.

A estas alturas, ya queda claro que la relación bilateral entre Estados Unidos y China es la más importante en el mundo de hoy. La forma en que las dos principales potencias resuelvan sus tensiones definirá el entorno internacional durante muchos años. Y el principal problema que enfrentan ambas naciones es la “falta de confianza estratégica”, en palabras del Primer Ministro singapurense.

Pocas veces se tienen estas oportunidades de presenciar este nivel de intercambios en directo. Santiago también la tendrá. Y es de esperar que Chile tome nota de lo ocurrido en Singapur y ocupe este tiempo antes de la cumbre del APEC en noviembre para aunar posiciones con parte del “pasto” (Australia, Nueva Zelandia, Canadá, Japón, Singapur, Perú, México y Corea del Sur, por ejemplo) para plantear que un (Indo o Asia) Pacífico próspero y seguro, sobre la base de reglas políticas y comerciales, es un buen negocio para todos. Esperar ingenuamente que los elefantes se pongan de acuerdo o comiencen a pelear no es opción.

Juan Pablo Toro V. es director del centro de estudios internacionales y seguridad AthenaLab

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