El Mercurio, 6 de Abril de 2019

En su edición del miércoles, “El Mercurio” tuvo el acierto de destacar en su portada la ceremonia por medio de la cual la Armada Británica rebautizó el edificio de la comandancia de su flota de combate con el  nombre de Lord Thomas Cochrane, acto que contó con la presencia del Comandante en Jefe de la Armada de Chile, almirante Julio Leiva.

Aparte del simbolismo histórico, el acto viene a destacar la importancia de la diplomacia naval en la renovación de alianzas de seguridad que son fundamentales entre dos países como Chile y el Reino Unido, que dependen de la apertura de las líneas marítimas de comercio para mantener funcionando sus economías.

Aunque muchos no piensen en esto, esas líneas no se mantienen libres de amenazas por defecto y es tarea de las marinas procurar su buen uso. Pero dado el alcance global de esa tarea, ninguna Armada, ni siquiera la estadounidense, puede concretar esa tarea por sí sola. Por eso es clave, la cooperación. A nivel geopolítico, el océano es solo uno. 

En entrevista con este mismo diario, el First Sea Lord, almirante Philip Jones, anunció en diciembre el aumento de la presencia de buques de la Armada británica en el Pacífico –y recaladas más frecuentes en Valparaíso-, con el propósito de incrementar su aporte a la seguridad en un océano que se ha vuelto el centro de gravedad de la economía mundial y donde no sobran las disputas. Eso se facilita justo cuando socios como las Armadas de Chile y Gran Bretaña pueden trabajar en desafíos presentes y futuros, partiendo de un pasado común. El legado vivo de Cochrane.

Juan Pablo Toro V.

Director Ejecutivo AthenaLab Carta al director publicada en El Mercurio, 6/4/2019 página A2

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