Hasta ahora, las formas predilectas de Estados Unidos para presionar al régimen de Nicolás Maduro, incluían sanciones económicas para golpear las arcas de la economía petrolera, procesos judiciales contra altos funcionarios venezolanos comprometidos en actividades ilegales, condenas diplomáticas a las acciones antidemocráticas del régimen y apoyo político a la oposición liderada por el presidente encargado Juan Guaidó.

Sin embargo, esta semana se están dando algunos acontecimientos que pueden indicar un posible cambio de estrategia de la administración del presidente Donald Trump respecto a Venezuela, orientado a generar más presión.

En primer lugar, el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el mandatario colombiano, Iván Duque, ratificaron el lunes que el comportamiento del gobierno venezolano es una preocupación para todo el continente, en la medida que el régimen de Maduro tiene conexiones con grupos como la milicia libanesa Hezbollah y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia.

La presencia de ELN, guerrilla marxista fundada en 1964 e inspirada en la Revolución Cubana, es de larga data en las zonas fronterizas de Colombia y Venezuela. Sin embargo, distintos reportes y conversaciones sostenidas con dirigentes opositores en Caracas dan cuenta de la penetración de este grupo insurgente muy dentro de suelo venezolano en busca de refugio.     

La novedad, entonces, más bien viene por el primer caso, ya que Pompeo indicó en la conferencia regional de lucha contra el terrorismo celebrada en Bogotá, que “el régimen de Irán, con su brazo armado Hezbollah, está en Venezuela y eso no es aceptable”.

Si bien, las denuncias sobre la presencia de miembros de esta milicia en Venezuela tienen un par de años, hoy cobran una especial significación, en palabras del diplomático, ya que Estados Unidos e Irán se encuentran en una escala ascendente de hostilidad.

Prueba de lo anterior, fue la decisión de Washington de asesinar el pasado 3 de enero al general Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Iraní, quien era el encargado de coordinarse con las milicias y guerrillas que operan en el Medio Oriente, entre ellas Hezbollah del Líbano. En este contexto, lo que la Casa Blanca considera “no aceptable” hoy tiene implicancias claras y los generales venezolanos que están en falta deben estar tomando nota. Aunque hay que aclarar que a Soleimani se le acusaba de haber estado planeando y fomentado el asesinato de ciudadanos estadounidenses, algo que no parece interesar a los militares de Maduro.      

En segundo lugar, cuando Pompeo se encontraba en Colombia se anunció que en ese país tendrá lugar entre el 23 y 29 de enero un ejercicio militar combinado, donde tropas de la 82da. brigada aerotransportadas del Ejército de Estados Unidos simularán con sus pares locales la toma de un aeródromo.

Aunque solo participarán 75 paracaidistas estadounidenses, más 40 miembros del Comando Sur, el ejercicio tiene un fuerte simbolismo por muchas razones.

Hasta ahora, eran solo los militares venezolanos que de tiempo en tiempo hacían ejercicios para contener una supuesta invasión extranjera, incluyendo a asesores rusos en algunos casos. También la inserción táctica por medio de paracaidistas que saltarán de aviones C-130 es perfectamente aplicable para muchos tipos de objetivos, entre ellos campos petroleros y bases. Además, demostrará que los militares colombianos han desarrollado una alta capacidad para realizar asaltos en zonas hostiles tras décadas de combate a las guerrillas. Y por último, es claro que Bogotá ya no tiene miedo a ser criticada por su cercanía con Estados Unidos, consagrada por el Plan Colombia, sin duda. En el pasado, esa plataforma ideológica llamada Unasur, por ejemplo, fue justamente usada para ese propósito por personajes como Hugo Chávez y Lula da Silva, como cuando Colombia quiso abrir el uso de sus bases aéreas para el Comando de Trasporte Estratégico de Estados Unidos.

El jefe del Comando Sur, Craig Faller, se limitó a explicar en un comunicado que “este ejercicio aerotransportado demuestra la interoperabilidad, la letalidad y la profesionalidad de nuestros ejércitos”.

Mientras, las fuerzas militares colombianas sostuvieron en otro comunicado que los ejercicios tienen como propósito “reafirmar las capacidades de las fuerzas, compartir doctrina, tácticas, técnicas y procedimientos, así como incrementar el entrenamiento y facilitar la operación multilateral con las fuerzas militares de la región”.

Las conexiones entre las fuerzas armadas de Colombia y Estados Unidos son de vieja data e incluso pasan por la Guerra de Corea (1950-1953). Sin embargo, fue con el lanzamiento del Plan Colombia en el 2000, cuando se incrementaron al punto de que cientos de instructores estadounidenses prepararon a soldados y policías locales en nuevas tácticas contrainsurgentes, que serían clave para doblegar a las guerrillas. Efectivos de la 82da. brigada aerotransportada, por ejemplo, han entrenado a comandos jungla de la Policía Nacional de Colombia. Además, las fuerzas estadounidenses han entregado equipos (helicópteros Black Hawk), inteligencia y ayuda en la planificación de operaciones a sus socios locales.

Por último, y ahora quizás de forma coincidente, el martes las redes sociales ardieron cuando se dio cuenta de que el “USS Detroit”, un buque litoral de combate, se encontraba a unas 26 millas náuticas de la costa venezolana, aunque lo más probable es que haya estado cumpliendo tareas contra el tráfico de droga, muy frecuentes en la zona. No obstante, ese tipo de maniobras también sirven para confirmar cuán alerta está la vigilancia marítima de un tercer país.

Por todo lo anterior, la advertencia de Pompeo sumada al ejercicio combinado e incluso al paso del buque por fuera de las costas de Venezuela, pueden estar representando una nueva forma de presión, hasta ahora no ensayada por Washington y que, sin duda, debe poner nerviosos a los militares venezolanos que son los sostenedores clave del gobierno de Maduro, a cambio de lo cual reciben distintas clases de privilegios. En este sentido, el mensaje para ellos es que su apoyo al régimen cada día les costará más caro y puede ser puesto a prueba de distintas formas.

Juan Pablo Toro
Director Ejecutivo AthenaLab

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