En los tiempos de las órdenes de caballería los militares incorporaron en su cultura y forma de ser la práctica de las virtudes cardinales, y de conductas que refuerzan su disciplina, valor, entrega y unidad. Lo anterior está perfecto y es deseable considerando las características y exigencias de la profesión militar que incluye entre otras cosas dar la vida en combate en defensa de los intereses de su patria. El ser militar exige una entrega que otras profesiones no tienen y es por ello que se les prepara de otra manera.

Esa preparación pasa por llevarlos de ser un civil a un combatiente, que en su extremo estará facultado para matar o bien se le puede exigir morir peleando contra el enemigo. Ambas conductas no son las típicas para las cuales un ser humano se prepara y, por ende, se transforma y equipa física y mentalmente a los ciudadanos para esa función, incluyendo en su formación las cualidades éticas y morales que son necesarias para matar al enemigo o morir por su patria. De lo contrario y si es que no quiero hacer lo anterior, salgo a contratar tropas mercenarias como fue la práctica de muchas naciones europeas antes de la transformación que introdujo Napoleón cuando creó el concepto de la nación en armas, o me coloco al alero de un país que me de protección si es que no quiero enfrentar la realidad de tener que hacerme cargo de la defensa y la protección de la soberanía, territorio e intereses nacionales.

En todo caso ya existían referentes en la historia de la humanidad que los países usaron para modelar a los soldados de sus ejércitos y las tripulaciones de sus marinas. No sólo estaban los caballeros de las cruzadas de la edad media, sino también héroes griegos que alimentaban nuestra cultura occidental con modelos a seguir. La Ilíada y la Odisea nos proveen ejemplos como los de Ulises, Aquiles y Hércules, los que eran fantásticos ejemplos de las conductas marciales, pero débiles en muchos aspectos de lo humano.

Desde que tenemos nuestro Ejército y la Marina, y después la Fuerza Aérea, fuimos modelando a soldados, tripulantes y aviadores con las conductas y ética necesarias para sus funciones, y también usamos los ejemplos de aquellos que se destacaron en combate o dieron su vida por Chile para darle más fuerza a la labor formativa – transformacional. Los ejemplos de O’Higgins, Carrera, Bueras, Blanco, Cochrane, Prat y Aldea fueron claves para darle forma al ejército siempre vencedor jamás vencido, o a la Marina del vencer o morir. La FACH, que nace del Ejército y la Armada toma lo que ellas le entregan en términos de cultura y tradiciones, y agrega el ejemplo y la impronta del Comodoro Merino Benitez que aún los guía 90 años después.

El ejemplo heroico de los 77 de la Concepción se transformó en el juramento de la bandera que todos los chilenos que pasan a ser parte de las fuerzas armadas realizan y en donde juran dar la vida por la patria si fuese necesario, pero en donde además se promete ser un soldado honrado, valiente y amante de la patria. Porque les exigimos a los integrantes de las fuerzas armadas en su juramento prometer ser honradas es algo que desconozco, pero suena a que les incorporamos y exigimos otras virtudes aparte de las propias necesarias para la guerra, y eso abre la pregunta de que, si los problemas recientemente informados son relativos a un incumplimiento del honor militar, o simples faltas de probidad y de cumplimiento de normas legales y administrativas. Yo me inclino por lo segundo.

Las posibles faltas administrativas y legales que se han hecho públicas respecto del Ejército no tienen nada que ver con el honor militar. Serian faltas de otro orden y que impactan la confianza que la opinión publica pueda tener respecto de la probidad de administraciones pasadas, pero no hay nada que me pueda indicar que esté afectado el honor militar o por otro lado la capacidad del Ejercito de defender la soberanía e intereses de Chile. Los hechos develados recientemente y que deben ser probados, se asemejan más a problemas que hemos conocido en otras empresas públicas y privadas que no han sido capaces de estar a la altura de las exigencias actuales que unos y otros, privados y públicos debemos cumplir en términos de reglamentos y leyes. Los tiempos cambiaron y con ellos los niveles de exigencia que el pueblo de Chile demanda de todas sus instituciones, sean estas, militares o civiles.

En resumen, necesitamos fuerzas armadas eficientes y efectivas en lo militar, sumamente respetuosas de los derechos humanos por tener el monopolio de la fuerza, y correctas e impecables en la ejecución de las leyes y reglamentos administrativos que les afectan, lo que no difiere de la exigencia que debemos pedir al resto de los organismos públicos y privados en el desarrollo de sus tareas. Conociendo al Ejército, estoy seguro de que están golpeados, pero son muy resilientes y que bajo el liderazgo del GDE Ricardo Martinez sabrán salir adelante con una institución mejor de la que conocemos, querida y conectada con su pueblo, siempre vencedora, jamás vencida.

Richard Kouyoumdjian Inglis

Publicada en El Mostrador, 07 de Julio 2019.

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