John E. Griffiths

Si bien la guerra convencional entre Estados se ha vuelto cada vez menos frecuente y cada vez más improbable por sus altos costos, esto no significa necesariamente que los países la descarten como posibilidad. Al menos eso ayuda entender que el gasto militar global haya crecido durante el 2018 para llegar a US$ 1,8 billones de dólares, lo que representa un aumento de un 2,6% en relación inmediatamente anterior, según cifras del Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo (SIPRI).

Esta tendencia creciente, que probablemente proseguirá los próximos años dado el incremento del riesgo geopolítico, hace muy pertinente la pregunta de ¿cuál podría ser el futuro carácter de la guerra? Y esto nos lleva a pensar en tres posibles evoluciones del actual carácter de ella.

Una dirección es apostar por el impacto de la incorporación de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, en las cinco dimensiones de la guerra: la terrestre, la marítima, la aérea, la del ciberespacio y la espacial. Esta dirección es la de la continuidad e inercia del desarrollo e investigación científica actual con énfasis en lo que se denomina “high-tech capabilities[1]. Apunta al control total de todos los espectros posibles.

La otra trayectoria es pensar que dicho futuro estará marcado por una permanente guerra, no necesariamente llevada a cabo por Estados, en que los ámbitos en que se desarrollará serán principalmente los de la información, el encubrimiento, desinformación, enmascaramiento, unidades sin una clara identificación. En este caso los medios encubiertos serán más efectivos que el mismo poder de fuego, o superioridad tecnológica, en un contexto marcado por el poder de la información. En consecuencia, la victoria no necesariamente se expresará en el campo de batalla.

El tercer escenario es uno definido por una mezcla de ambos, con énfasis en distintas regiones del mundo, dependiendo de los actores involucrados.

Se observa que la tendencia global en materia de conflictos evoluciona claramente hacia una mayor conflictividad interna, motivada por el caos y desorden global, en que el Estado, como principal forma de organización política, está permanentemente sometido a los embates de las fuerzas desatadas por la globalización, y la emergencia de actores transnacionales de mayor peso económico e influencia, así como muchas veces por la inherente incapacidad de los mismos  Estados, para poder llevar adelante su misión principal definida en términos de seguridad, desarrollo y bienestar hacia sus ciudadanos. Por otra parte, a nivel global, los diferentes organismos internacionales han tenido más éxito en contener los conflictos que en resolverlos. En consecuencia, la paz sigue y seguirá siendo un objetivo muy elusivo.

En el primero de los casos, la del desarrollo científico y tecnológico de capacidades bélicas, se señala que nos encontramos en la etapa conocida como “Third Offset Strategy[2], es decir en una tercera etapa de la evolución tecnológica, siendo las dos primeras las tecnologías, nucleares de la década de 1950 y la munición inteligente de la década de 1980. Esta tercera generación, es aquella que puede superar cualquier amenaza convencional, sin importar quién, qué, cuándo y dónde, principalmente a través de robótica e inteligencia artificial.[3] De esta forma, el centro de gravedad de esta tendencia se basa en una apuesta por contar con la tecnología más desarrollada y robusta, pensada para un enfrentamiento más tradicional. Ello ha sido la esencia del pensamiento occidental en el uso de la fuerza que ha privilegiado la atrición de la fuerza y la tecnología por sobre la guerra de maniobra. El aumento del presupuesto global del 2018, indicaría que una buena parte de ello esta pensado en sustentar los planes de desarrollo de nuevas capacidades estratégicas. Ello va más de la mano con las enseñanzas y pensamiento estratégico de Clausewitz.

El segundo derrotero, que podría tener el futuro de la guerra, esta dado por la mayor opacidad de la frontera que separa la paz de la guerra, en un continuo denominado guerra permanente, materializada por la denegación plausible del uso de la fuerza, a través de técnicas de encubrimiento, desinformación, enmascaramiento, unidades sin una clara identificación, y usando todos los instrumentos de poder a su disposición, incluyendo los sociales y comunicacionales. En este caso el centro de gravedad no esta dado por el poder de fuego, sino que se centra en la denegación y ocultamiento de las acciones, llevadas adelante por mercenarios, terroristas, milicias etc.

De esta forma la subversión muchas veces enmascarada será usada con intensidad en los conflictos de esta modalidad. En otras palabras, es la estrategia del débil en contra del más fuerte en términos convencionales. Se pueden enmarcar en este ámbito los conflictos de tipo hibrido, asimétrico, no convencional basados en la “doctrina Gerasimov”[4] o variaciones de esta última. Lo anterior, se explica mejor desde la perspectiva del pensamiento estratégico de Sun Tzu.

El tercer camino, podría estar dado por una mezcla de conflictos entre los de naturaleza más tecnológica, que tienden al dominio de todos los espectros y dimensiones, a través de capacidades de “Third Offset Strategy” y los del tipo hibrido, asimétrico, o no convencional en que el conflicto es lo continuo en una opacidad entre la guerra y la paz.

Lo anterior nos debe llevar a pensar que cuando se emplea la fuerza militar, debemos primero tener clara la naturaleza del conflicto, para tener razonables posibilidades de triunfar en una estrategia que, de cuenta de esa naturaleza, así como de sus fortalezas y debilidades.

De allí que, se requiera -hoy más que nunca- de personas con capacidad de pensamiento critico, altamente preparadas en lo intelectual, para dominar el contexto en que la fuerza se utiliza. No debemos olvidar que la naturaleza de la guerra permanece, a lo largo de la historia, como algo que tiende a lo constante, mientras que su carácter es siempre cambiante y sorpresivo.

El futuro de la guerra y el conflicto es una apuesta abierta, entre un escenario más cercano al pensamiento estratégico occidental inspirado en Clausewitz o bien, más hacia el pensamiento estratégico oriental, basado en Sun Tzu. De ello depende nuestro propio proceso de construcción de capacidades estratégicas.

Santiago, 28 de noviembre de 2019


[1] Definidas como capacidades tecnológicas altamente avanzadas. Ver Daniel Gouré. “Winning Future War:  Modernization and a 21st. Century Defense Industrial Base”. Heritage Foundation. 2019 Essays. www.heritage.org

[2] Ver Hicks Kathleen, Andrew Hunter y Jesse Ellman. Assessing the Third Offset Strategy. Report of the CSIS International Security Program. Center for Strategic and International Studies. March 2017. Washington D.C. Latiff Robert H. Future War: Preparing for the New Global Battlefield. New York. Alfred A. Knopf. 2017.

[3] McFate Sean. The New Rules of War: Victory in the Age of Durable Disorder. New York. William Morrow-Harper Collins Publishers. 2019. Pág. 86

[4] Galeotti Mark. “ The Mythical “Gerasimov Doctrine” and the Language of Threat”. Critical Studies on Security”. York university. Vol. 7. Nº 2. 2019. Pág. 157-161. En clara referencia a lo expresado por el Jefe del Estado Mayor Ruso en la Anexión de Crimea, “En el siglo XXI, hemos observado la tendencia hacia una poco clara distinción entre la guerra y la paz. Las guerras, ya no se declaran, y habiendo comenzado estas, se procede de acuerdo a un molde no familiar”. (2013).

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