Más allá del impacto y preocupación que genera el coronavirus o COVID-19 en materia de salud pública, la aparición de esta posible pandemia permite elaborar ciertas reflexiones desde el punto de la geopolítica y seguridad, que compartimos:

1. LÍNEAS DE SUMINISTRO GLOBALES
Si “la conectividad es destino”, como afirma Parag Khanna (Connectography, 2016), la propagación del coronavirus es una muestra de ello. Muchas de las líneas de suministros globales hoy están ancladas en China, país que es el principal socio comercial de más de 130 naciones. Muy diferente era la situación de Sierra Leona o Liberia cuando tuvieron sus brotes de Ebola. Básicamente, esos países pudieron ser “aislados” porque estaban en un lugar muy periférico de los centros de gravedad del mundo. Pero hoy nadie puede prescindir del impulso económico de China, que aporta el 20% del PIB mundial.  Si bien el COVID-19 no viaja en contenedores, la disrupción en el comercio mundial que puede causar una pandemia de esta magnitud es evidente y así lo están haciendo saber los mercados a través de esos termómetros llamados bolsas. El freno que puede experimentar la producción de distintos bienes en China debido al posible cierre temporal de industrias es preocupante, ya que altera la lógica de oferta y demanda al introducir un factor inesperado. Justo cuando el comercio mundial ya se encontraba resentido por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que viene en retroceso, pero no ha concluido del todo

2. LA NUEVA RUTA DE LA SEDA
El coronavirus golpea a China en un momento que el país se encuentra promoviendo el proyecto de la Franja y la Ruta, más conocido como la Nueva Ruta de la Seda. Se trata de una billonaria propuesta para mejorar las interconexiones de China con Asia, África y Europa, que contempla que Beijing financie toda clase de corredores de transporte, energía y datos. Así, como es claro que la conectividad da valor agregado a las economías, también las puede exponer a riesgos. Y acá tenemos uno nuevo y claro. Los epicentros de ambos fenómenos son el mismo. 

3. OBLIGACIONES SOBERANAS
Esta pandemia también encuentra al mundo en un momento de cuestionamiento al sistema internacional creado después de la Segunda Guerra Mundial. Especialmente, hay potencias que ponen en entredicho la vigencia de compromisos multilaterales adoptados en el siglo XX para el mundo actual: más dinámico, flexible e impredecible. También hay ejemplos de desglobalización en marcha, como la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Una pandemia global justamente requiere una respuesta transnacional y esto sí puede ajustarse a lo que Richard Haass denomina como “obligaciones soberanas”, que se refieren a las obligaciones de un gobierno con otros gobiernos y a través de ellos con sus ciudadanos. “El mundo es demasiado pequeño y está demasiado conectado para que las fronteras resguarden actividades que, por definición, pueden afectar negativamente a quienes viven fuera de ellas. Yo llamo a este concepto ‘obligaciones soberanas’”, dice Haass (A World in Disarray, 2017). En otras palabras, así como estamos obligados a combatir el terrorismo, cuidar el medio ambiente y procurar una buena gobernanza económica en un mundo global, también tenemos que poner freno a la propagación de enfermedades infectocontagiosas.  Estas obligaciones son parte de la base de un orden mundial actualizado. Ya sea a través de organismos globales, regionales o nacionales, los países deben tomar resguardos y adoptar medidas para frenar el COVID-19.

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4. DE NUEVO VENEZUELA
Con justa razón, la Organización Mundial de Salud ha expresado su preocupación por los estados débiles o con sistema de salud precarios para el manejo del coronavirus. En este sentido, se nos viene a la cabeza Venezuela, donde la escasez de medicinas y el deterioro de los servicios médicos ha llevado a la reaparición de enfermedades ya erradicadas. Un brote de COVID-19 en este país podría agudizar la emergencia humanitaria que ya se vive bajo el régimen de Nicolás Maduro. Como además se trata de un país que es foco de una ola migratoria, la región tendrá que prepararse.

5. SEGURIDAD Y NUEVAS AMENAZAS
Por último, si quisiéramos incluir las pandemias dentro del marco conceptual de la seguridad, entonces tenemos que volver a Barry Buzan (People, States and Fear 1991). El coronavirus puede ser considerado como una amenaza de origen ambiental con efectos nocivos para el bienestar y supervivencia de las personas, así como a las condiciones que permiten el desarrollo de las naciones. Si la pandemia finalmente se desata, los estados tendrán que hacer empleo de sus instrumentos de poder para intentar contenerla.
Tan sólo el miércoles 26 de febrero, el Pentágono le informó al Congreso que estaba revisando la posibilidad de que necesite fondos adicionales para lidiar con la propagación del coronavirus, horas después de que el Ejército de los EE. UU. reportara que un soldado en Corea del Sur se había infectado.
Todavía está fresco el recuerdo de 2016, cuando Brasil desplegó unos 220.000 efectivos militares para combatir el virus Zika, transmitido por el mosquito Aedes Aegypti. Algo inédito, pero sin duda una muestra de los nuevos desafíos que estamos enfrentando.

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