Durante este período donde lo prudente es permanecer en los hogares, siempre serán una buena alternativa los libros y películas. Como la idea es alejarse un poco del tema de la pandemia, acá unas recomendaciones que navegan sobre agua salada.

“SAILING TRUE NORTH: Ten admirals and the voyage of character”
James Stavridis
(Penguin Press, 2019).

Mucho se ha escrito sobre la importancia del liderazgo en las Fuerzas Armadas, las empresas y otras organizaciones. Sin embargo, no se ha dedicado la misma atención a la importante del carácter, que tiene que ver con ese conjunto de rasgos singulares de la personalidad que se aprenden de la interacción social. Su importancia no es menor, porque como sabemos el liderazgo puede ser empleado para causar el mal y ahí tenemos ejemplos nefastos como Hitler o Bin Laden. ¿Pero qué hay del carácter?, ¿cómo puede trabajarse?, ¿importa tanto como el liderazgo?

El prolífico almirante (R) James Stavridis aborda ese tema en su reciente libro llamado “Sailing True North: Ten admirals and the voyage of character”. A través de un relato siempre ameno, el sello de un gran divulgador, el ex jefe de la OTAN se adentra en las vidas de Temístocles, Zhenge He, Jacky Fisher y Elmo R. Zumwalt, por mencionar algunos, para extraer lecciones positivas, y otras no tanto, de estos oficiales que dejaron su impronta en las marinas a la cuales sirvieron.

La importancia de contar con una “visión” para moldear los acontecimientos que vienen, abrir caminos ahí donde al parecer no existir e inspirar a la gente a recorrerlos, son rasgos identificables en el líder ateniense, por ejemplo.  

O la capacidad de Zheng He para organizar una flota oceánica a partir de la nada y proyectar el poder de China a otra regiones y continentes solo pudo ser posible por la “resiliencia” de quien superó las condiciones adversas que acompañaron su vida. Un joven musulmán que fue tomado prisionero y luego castrado, terminó convertido en uno de los más leales y eficientes servidores del emperador.

Ahí está también Jacky Fisher, cuyo “optimismo” y “energía” hicieron que la innovación se convirtiera en un objetivo de vida. Ayudó a transformar a la Royal Navy en una fuerza moderna y global capaz de ganar la Primera Guerra Mundial, sencillamente porque nunca se cansó de hacerse preguntas sobre cómo mejorar su Armada.

También hay casos más complejos, como el de Hyman Rickover, quien fuera el artífice de la llegada de la propulsión nuclear a los portaaviones y submarinos estadounidenses. Su carácter iracundo e impaciencia sirvió para conducir transformaciones, aunque en el camino haya prodigado un trato que muchos oficiales consideraban despótico.

Y he aquí una gran diferencia con Chester Nimitz, que era excelente delegando y entendía que había un límite para no entrometerse en el trabajo de sus subordinados.

Porque el liderazgo para ser efectivo, sostiene Stavridis, tiene que ser creíble y eso deviene del carácter que se exhibe. Con todas las distancias que pueden existir entre un Horatio Nelson, que inspiraba por su generosidad a la hora de compartir con sus oficiales los créditos de sus éxitos, y un Francis Drake, que inspiraba demostrando un coraje avasallador en la batalla.

Como es característicos en sus libros, el autor intercala sus propias experiencias cuando aborda la vida de los diez almirantes que reseñó. Admite su fracaso al intentar transformar definitivamente al Comando Sur en una fuerza interagencial militar-civil dedicada a labores contra el tráfico de drogas, misiones humanitarias y de apoyo en entrenamiento. Su sucesor dio marcha atrás a todo lo avanzado, ya que él no pudo sostener su visión en el tiempo.

También cuenta como evitó errores que casi lo llevaron a chocar su destructor y las medidas que adoptó en uno de sus buques para inculcar la importancia de la diversidad, tras décadas de barreras raciales y de género.

El libro concluye con un capítulo donde Stravridis hace su propio listado de los rasgos de carácter que incluye en su lista personal y que son producto de una vida en el mar (spoiler alert): creatividad, resiliencia, humildad, equilibrio, honestidad, empatía, justicia, decisión, determinación y perspectiva.

En una prueba que el carácter se puede trabajar, propone un ejercicio sencillo y práctico: en una tabla identificar a nuestros héroes, luego indicar una característica que nos parezca destacable y en la última columna –lo más difícil–, explicar lo que uno está haciendo para desarrollarla. ¿A quién podríamos?

 “CAPITÁN DE DESTRUCTOR JAPONÉS”
Tameichi Hará
(Instituto de Publicaciones Navales, 2014)

Pocos relatos tan contundentes para conocer de primera fuente la Guerra del Pacífico del lado japonés, como el relato del Tameichi Hara, sobreviviente de 100 incursiones contra las fuerzas aliadas y protagonista directo de encarnizados combates navales en su condición de capitán de destructor.

Altamente preparado, agresivo en sus tácticas y consciente de sus errores (y los del alto mando), Hara fue un considerado héroe su país, al punto que era conocido como el “capitán indestructible” o “capitán milagro”. Apasionados, pero reflexivos, sus relatos de las batallas en las islas Salomón, en el Mar de Java y Gualdacanal son una gran fuente de aprendizaje sobre los combates navales del pasado.

Nieto de samuraí y regido por el código de estos guerreros, el capitán Hara siempre mostró una lealtad incondicional con su emperador, pero al igual que muchos miembros de la Armada Imperial no fue ciego ante las fallas de cálculo estratégico que llevarían a la derrota de Japón en el mar, como subestimar la importancia del poder aéreo en la guerra naval, ocupar los destructores como naves de transporte (“El expreso de Tokio”), no concentrarse en atacar las frágiles líneas de suministros de los aliados y cederle el control de las operaciones anfibias al Ejército.

Mientras sus tripulaciones lo reverenciaban, con el alto mando sus relaciones fueron no pocas veces tensas, ya que fue crítico cuando tuvo que serlo, algo que choca directamente con esa idea del oficial japonés que está dispuesto a lanzarse al precipicio si se lo ordenan.

El relato sobre la “última incursión” del 7 de agosto de 1945, es sobrecogedor.  Hara es enviado junto a los últimos buques capitales de la Armada Imperial Japonesa a intentar frenar la conquista de Okinawa en una misión sin retorno. Ahí le toca presenciar el hundimiento del acorazado “Yamato” y de su propio crucero, el “Yahagi”, en medio de un incontrarrestable ataque aéreo estadounidense. Aferrado a un pedazo de madera presenciando el fin de su marina, reconoce su asombro al escuchar a muchos náufragos como él cantando la “Canción del Guerrero”, cuando las normas de supervivencia recomiendan no gastar energía: “Si me hago a la mar, las aguas devolverán mi cuerpo. Si el deber me llama a la montaña, la verde pradera será mi compañera. Así, para el bien el Emperador, no moriré en paz en mi hogar”.  Afortunadamente, el “capitán milagro” sobrevivió para contar esta historia.   

MIDWAY, película (2019)
Amazon Prime

Con algunas exageraciones propias del género cinematográfico, cómo la explosiones por doquier y la aparición de marinos desafiantes al límite de la insubordinación, esta película retrata con detalle esta batalla naval entre las armadas de Estados Unidos y Japón, que fue clave para cambiar la ecuación de fuerzas en el Pacífico, después del golpe recibido en Pearl Harbor un año antes. Gracias a la tecnología visual, podemos tener el privilegio de ser testigo de acción de buques y aviones en plena acción, que hacen parte del imaginario de la historia naval. No se puede dejar de notar la aparición de un actor encarnando a John Ford, el gran cineasta que justo se encontraba en una de las islas cuando fue los japoneses lanzaron una incursión y quien registró algunas de las imágenes reales de la batalla. Pura entretención.

Ahora si saltamos al Atlántico, toca esperar a junio para ver “Greyhound”, que mostrará la difícil misión de los buques estadounidenses que durante la Segunda Guerra Mundial. protegieron los convoyes que iban al Reino Unido ante el asedio de los submarinos alemanes.  

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