Inspirados en el reconocido politólogo francés Dominique Moïsi, que escribió un libro sobre “La Geopolítica de la series o el triunfo global del miedo” para explicar cómo algunos de los programas de televisión más famosos del streaming representan algo más que entretención (“Game of thrones” y la fascinación por la violencia; “Downton Abbey” y la nostalgia por un orden que se desmorona; “House of cards” y la corrupción de la democracia), en AthenaLab revisamos películas estrenadas o subidas recientemente a Netflix que abordan fenómenos de seguridad y defensa actuales. Esto fue lo que encontramos.

Si bien los asiáticos no quieren la guerra, parecen no descartarla como posibilidad. De hecho, algunas de sus películas más exitosas localmente tienen como objetivo evidente promover una imagen poderosa de sus fuerzas armadas.

Es el caso de “Wolf Warrior II” (2017), una película china que muestra las aventuras de Leng Feng, un soldado de fuerzas especiales que tras ser dado de baja por enfrentar a mafiosos locales, se autoexilia en un país africano para ganarse la vida en trabajos menores. Pero cuando un grupo rebelde ataca a personal médico y a la colonia china, Leng toma las armas buscando acabar con los guerrilleros, a la espera de la llegada de la flota de su país que va, por supuesto, con permiso de Naciones Unidas.

Este blockbuster que recaudó más de US$840 millones en China, es lo más parecido a “Rambo”  cuando se trata de promover una imagen poderosa y justiciera de las fuerzas armadas chinas en el exterior, y en especial en África, donde Beijing abrió su primera base en el extranjero (en Djibouti) y realiza millonarias inversiones en infraestructura.

Si esta semana se lanzó el trailer de la continuación de “Top Gun”, que al parecer se llamará “Maverick”, desde Seúl se subió este año a la plataforma Return to base(2012), una película de acción aérea en la cual pilotos surcoreanos en cazas F-15 desafían la gravedad para enfrentarse a sus colegas norcoreanos en MIG-29.

Realizando maniobras acrobáticas entre los rascacielos de Seúl o sobre la zona desmilitarizada en torno al paralelo 38°, los ases del aire siempre están a punto de desatar una guerra. Enfrentamiento que incluso parece desear en un momento un comandante estadounidense a cargo de la zona. Pero los coreanos, de lado y lado, se contienen y aclaran el malentendido con tal de evitar un conflicto que destruiría la península. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Desde el sudeste asiático, Malasia aporta con “Paskal” (2018), una película en la cual las fuerzas especiales de la Armada, tras un duro entrenamiento, brillan en su lucha contra los piratas que secuestran tanqueros y plataformas petroleras. No hay que olvidar que este país es un gran exportador de hidrocarburos y para defenderlos muestra que tiene comandos preparados para desplegarse desde submarinos Scorpene, helicópteros Lynx y aviones Hércules C-130. 

En el film más caro de la historia de Malasia, el capitán de fragata Arman Rahmat también tiene un paso no tan feliz por África como casco azul, ya que pierde a uno de sus mejores amigos. De todas maneras, es un buen recordatorio que hoy los países asiáticos son los que más aportan tropas a las misiones de Naciones Unidas.

Europa, aunque con menor representación en el tema bélico, también realiza un aporte interesante con “El canto del lobo (Le chant du loup)”,donde los submarinistas franceses son las estrellas, desde la costas de Siria hasta Mar del Norte.

El mejor sonarista de la Marine Nationale debe luchar contra su carácter díscolo para ayudar a perseguir e identificar a un enemigo escurridizo, que está a punto de desatar una guerra contra Rusia. En una escena notable, de muchas, el capitán de uno de los submarinos afirma que Francia será  la encargada de proteger a Europa gracias a su capacidad nuclear de ataque, algo que suena cada vez más cierto en la medida que el Reino Unido está cada vez más cerca del Brexit, tras la última elección parlamentaria. Las conexiones con la “La caza del Octubre Rojo” son evidentes, pero esto no es un obstáculo para la entretención.

Por último, tenemos “Triple Frontera” (2019), una producción de Netflix que cuenta con actores de talla de Ben Affleck, Charlie Hunnan y Pedro Pascal, entre otros. El título puede inducir a error, ya que no se trata de la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, donde por años se han buscado grupos terroristas islámicos entre los contrabandistas de siempre.

Más bien, el lugar remite a algo parecido a la frontera entre Brasil, Colombia y Perú, donde narcotraficantes amasarían fortunas en completa impunidad. En este caso, son ex miembros de las fuerzas especiales de Estados Unidos que, tras ser olvidados por su país, deciden volver a las selvas, pero para robar un botín a un capo y con eso asegurar su futuro. Todo sale mal cuando deciden escapar a los Andes, porque a quién se le puede ocurrir escapar a una cordillera nevada con alturas de hasta 6.000 metros.

Lo interesante de la película es el retrato de las fuerzas de seguridad locales corruptas, así como la visión de que en Sudamérica existen enormes espacios sin ley, donde cada quien hace lo que le da la gana. 

Al parecer, Moïsi si tenía razón en cuanto a que si miramos un poco más allá detrás de nuestras pantallas podemos encontrar algo más que entretención. Incluso si trata de balas, explosiones, submarinos y aviones…

Comments

  1. Interesante artículo.
    Respecto de <> aparte de la muy directa alusión a <> sazonada con la temática de la novela de Tom Clancy <> (luego llevada al cine), tiene aspectos de especial atractivo, como las filmaciones en los muelles fortificados de Burdeos donde, además, se rodaron algunas escenas de <> tanto de la película como de la serie. De igual modo, no pasa desapercibido el hecho que mientras que el SSN (de la Clase Rubis) tiene un nombre ficticio, <>, respecto del SSBN se utiliza su nombre real, <>.
    Cabe mencionar que la relación entre la defensa, la identidad nacional y el cine está igualmente muy desarrollada en Japón. Entre la numerosa producción cinematográfica relativamente reciente en la materia, cabe destacar <> (algo así como <>) cuyos efectos especiales rivalizan con los de <> por su realismo, y<> (<>) de 2013. Ambas películas hacen uso intensivo de tecnología CGI pero eso no disminuye su valor identitario ni su aproximación histórica.
    Efectivamente, Moïsi tiene razón y, al menos 2020 lo probará con creces.

  2. Recomiendo la película “Eye in the Sky” (Netflix), drama bélico que muestra el manejo de la crisis desde el nivel político al operacional, que exhibe las variables políticas y legales que enmarcan la decisión de lanzar un ataque desde un dron hacia una casa de seguridad ubicada en un país africano, desde donde se prepara un atentado suicida de grandes proporciones.

    Es una película que invita a ser utilizada en un curso sobre derecho internacional humanitario y reglas de enfrentamiento, tanto para líderes civiles como comandantes militares.

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